LA VOLUNTAD DE PODER, EL ETERNO RETORNO ANALIZADOS DESDE LA CIENCIA:
- La voluntad del poder, el eterno retorno en la vida.
- El eterno Retorno y el conocimiento.
- El eterno retorno como principio de selección.
- La ruina del yo idéntico.
Por: Gerardo Martínez Cristerna
Nietzsche se acercó de acuerdo a sus posibilidades a la ciencia para explicar la complejidad de la vida partiendo de la complejidad del cosmos. El origen del cosmos no debería ser un fin último, pero ante nuestra ignorancia tenemos que partir de un posible momento cero al cual coloquialmente se le ha llamado big bang que ha dado origen a un “pathos” como hecho elemental del cual resulta como consecuencia un devenir, un obrar o como lo diría Einstein una forma de trabajar. Por razones tal vez no tan claras se ha establecido a esos primeros momentos de existencia del cosmos el inicio del tiempo, mismo que se había visto a través de los tiempos como un tiempo lineal y que la ciencia en la actualidad ha agregado la existencia de un tiempo circular y que nosotros de acuerdo a nuestra interpretación de Nietzsche le hemos llamado al tiempo lineal voluntad de poder y al tiempo circular eterno retorno. A los primeros segundos del cosmos la ciencia la ha llamado la era de inflación, un momento donde el cosmos era tan pequeño en comparación a la inmensidad actual del cosmos, que en los primeros segundos su tamaño eran miles de millones de veces más pequeño que un protón, y que la acción o movimiento que se originan con la inflación del cosmos se traducen en lo que podemos considerar como una “fuerza” y que Nietzsche la concibe como voluntad de crear, de asimilar, porque él consideraba que toda acción es una pretensión de superar, de dominar, un aumento del sentimiento de poder, ya que toda acción se convierte en un trasformar y que en el cosmos es su esencia más pura (Nietzsche,p.373).
Con la fuerza inicial del cosmos a los 10 segundos de su existencia los científicos manifiestan que se creó lo que ahora conocemos como la era de los quarks sin que dejara de existir la memoria o se ha el origen o principio de los tiempos que nosotros llamamos el eterno retorno porque el cosmos en todos los tiempos es el mismo pero al mismo tiempo siempre es diferente por su poder de transformación al que nosotros llamamos voluntad de poder. En el periodo de los quarks se formaron un gran número de pares de quarks y antiquarks dando lugar a la existencia de gluones y a una variedad creciente de partículas, haciendo notar que todas estas nuevas creaciones que resultan de la acción o devenir como voluntad de poder serán a sí mismas voluntad de poder “visibles” para la ciencia y que Heidegger en su interpretación de Nietzsche manifiesta:
“Si la voluntad de poder es el carácter fundamental de todo el ente (cosmos), el pensar de este pensamiento tiene que “encontrarla”, por así decirlo, en cualquier región del ente (cosmos): en la naturaleza, en el arte, en la historia, en la política, en la ciencia y en el conocimiento en general. Todo esto, en la medida en que es algo ente, tiene que ser voluntad de poder. La ciencia, por ejemplo, el conocimiento en general, es una figura de la voluntad de poder. Una meditación pensante (en el sentido del pensador Nietzsche) sobre el conocimiento-y especialmente sobre la ciencia-tiene que volverse visible que es la voluntad de poder” (Nietzsche, p. 396).
10 segundos después de la era llamada de los quarks se provoca la separación de la fuerza electromagnética débil y en ese momento las fuerzas de la naturaleza dan lugar a las leyes físicas del universo que hoy conocemos. Esta forma de entender el comportamiento del cosmos y de todas las cosas que se van creando en el transcurso del tiempo se pueden interpretar desde Nietzsche en un pathos de poder creativo constitutivo de cada cosa dentro del cosmos y de este mismo, a lo que llama Nietzsche como voluntad de poder. Para el filósofo alemán “la voluntad” y “el poder” van unidas”, o sea la voluntad no es algo que actúe, sino un acrecentamiento del poder natural de cada cosa u objeto en el cosmos (Nietzsche, pp. 517,518), que se enfrentan a otros poderes dando lugar a la transformación compleja pero no caótica de todo lo que existe en el cosmos. Desde este punto de vista podemos científicamente visualizar las transformaciones del cosmos a través del tiempo y lo que aconteció después de una millonésima de segundo y a una distancia de 100,000 millones de kilómetros donde se da inicio a la era hadrónica donde se forman las partículas con el mismo nombre y desde donde se plasma que la esencia misma de todo lo que conforma el cosmos es la voluntad de poder (la voluntad de poder, n 693; 1888) (Nietzsche, p. 519) siempre en transformación nunca estático o inmóvil.
Heidegger
“Surgir y aparecer, devenir y presenciar, son pensados, en el pensamiento de la voluntad de poder, retrotrayéndolos a la unidad de la esencia de “ ser” según el sentido de su primer inicio, no como imitación del pensar griego sino como transformación del pensar moderno del ente en el acabamiento que le está asignado” (Nietzsche, p. 522).
La voluntad de poder del cosmos es la esencia del poder mismo que lo llevó al acrecentamiento de sí mismo (Nietzsche, p. 529) ya que después de otra 1000ª de segundo a un 1 billón de kilómetros donde se produce la era Leptónica, se crearon los leptones, o sea electrones, neutrinos y sus partículas, aniquilando los electrones con positrones; 100 segundos posteriores, el cosmos sigue siendo el mismo como voluntad de poder y al mismo tiempo diferente por su eterno retorno o memoria, dando entrada a la era de la núcleosíntesis, donde los neutrones se convierten en protones a medida que el universo se enfría en un constante devenir (Nietzsche, p. 574) que se nos demuestra complejo (Nietzsche, p. 606-607), ya que en esta era se crean o se producen núcleos de helio con dos protones y dos neutrones cada uno, que nos pueden llevar a la siguiente conclusión.
Heidegger
“La distinción queda entregada a la sentencia soberana de la voluntad de poder, que dispone de manera incondicionada de los respectivos papeles de las respectivas perspectivas según la necesidad del poder del caso” (Nietzsche, p. 677).
El poder creativo del cosmos da lugar 200 segundos posteriores al big bang el surgimiento de la era opaca que durará aproximadamente 300,000 años y posteriormente a una distancia de 100 millones de años luz se forman los primeros átomos: nueve de ellos de hidrógeno por cada átomo de helio, además de algunos de litio y de hidrógeno pesado, pero este poder del cosmos no es una meta hacia la cual quiera ir la voluntad como algo que estuviera fuera de ella, sino que el poder es su esencia y que parte del devenir que se palpa a través del cosmos, como un impulso natural, por lo tanto intrínseco (Nietzsche,p.731-732). Pero la voluntad de poder desde esta perspectiva no equivale a una destrucción total, o aniquilación, devastación (Nietzsche, p. 733) sino a un acrecentamiento de conservación de todo lo que conforma al cosmos. O sea por medio de la voluntad de poder el cosmos que podría ser esencialmente “caos” se ordena por una especie de mesura para dar lugar a todas las cosas u objetos en el universo, sin que exista independencia de los mismos, situación que permite entrar a la era de la materia en el devenir cósmico, en donde en un principio los fotones viajarán por el universo así como la mayoría de los electrones que estaban ligados a átomos que abrieron el camino para que se formarán las primeras estrellas. La materia en esos tiempos se muestra palpable sin perder la movilidad del devenir, de ir, pero no a una meta determinada sino a una constante transformación azarosa (Nietzsche, p. 735) como voluntad de poder sobre el mismo cosmos, de ahí que el Zaratustra la vea como nuestra última esperanza (biografía de su pensamiento, p. 300).
Escudriñando el pasado como memoria en un eterno retorno, la ciencia ha revelado la existencia de galaxia débiles a sólo 500 millones de años luz después del big bang, que indica que debieron existir nudos de materia condensada y cúmulos precursores muy desarrollados ya entre 100 y 300 millones de años luz y que estas estructuras fueron la cuna de las primeras estrellas, de ahí que la voluntad de poder sea esencialmente creadora (205) (la experiencia de dionisíaca, p. 385), o dicho en otras palabras la aceptación del devenir (la experiencia de dionisíaca, p. 394). Esta voluntad creativa del universo dio lugar a que las primeras estrellas estuvieran compuestas de hidrógeno y helio, eran enormes y tenían una masa entre 100 y 1000 veces mayor que nuestro sol, de las cuales la mayoría murieron como lo define la ciencia como supernovas o estrellas rojas. A su muerte, su luz ultravioleta provocó la reionización del hidrógeno, y pasó de ser un gas neutro a su actual forma ionizada cargada de electricidad; asimismo, esas primeras estrellas crearon nuevos elementos químicos y los dispersaron por el espacio y por otros cúmulos protogalácticos, entre los que encontramos el carbono, oxígeno, silicio y hierro, así como elementos más pesados como el hierro, el bario y el plomo, creatividad del cosmos de la cual en forma intuitiva Nietzsche se dio cuenta:
“¿Queréis saber qué es para mí el “mundo”? ¿Queréis que os lo muestre en mi espejo? Este mundo es una inmensidad de fuerza” juego de fuerzas y de ondas energéticas, uno y “muchos” al mismo tiempo que por un lado se acumula y por el otro disminuye, un mar de fuerzas en sí mismas tempestuosas y fluctuantes, en eterna transformación, en eterno recorrido, con incontables años de retorno, con flujo y reflujo de sus formas, empujando las violentamente de la simplicidad a la multiplicidad más variada, y la quietud y de la fijeza y la frialdad máxima a la incandescencia, al desenfreno más salvaje, a la máxima contradicción, para después regresar del exceso a la simplicidad, del juego de las contradicciones hacia atrás, hasta el placer de lo unísono, en continua afirmación de sí mismo incluso en esa identidad de sus años orbitales, y bendiciéndose asimismo como lo que eternamente no puede retornar, como un devenir que no conoce la saciedad, el hastío, el cansancio. Este es mi mundo dionisíaco de eterna auto creación, de eterna autodestrucción, este mundo misterioso de deleites dobles, este es mi más allá del bien y del mal, sin metas, a menos que en la felicidad del círculo no haya una meta, sin voluntad, a menos que un anillo no tenga la voluntad de sí mismo. ¿Queréis un nombre para este mundo? ¿Una solución para todos sus enigmas? ¿Una luz incluso para vosotros? ¡Este mundo es la voluntad de poder y nada más! ¡Y vosotros mismos sois esta voluntad de poder y nada más! (NF. 38(12), 1885) (lo que dijo Nietzsche, PP. 128-129).
La voluntad de poder del universo sigue auto creándose, así que las estrellas de segunda y tercera generación crearon más elementos pesados y los devolvieron al medio interestelar a través de vientos estelares y explosiones de grandes estrellas. Todo este proceso fue esencial para la formación de objetos masivos o preponderantemente energéticos, que podemos describir en la primera teoría de la relatividad de Einstein y que se puede interpretar en el primer libro de Nietzsche “El nacimiento de la tragedia” con la mesura de dos dioses griegos, Apolo y Dionisio, identificables desde planetas rocosos, gaseosos, a organismos vivos. “La voluntad de poder”. Intentó de una nueva interpretación de todo el acontecer” (NF, 39 (1), 1885).” (Lo que dijo Nietzsche, P. 130).
Un sinnúmero de creaciones en el universo que incluyen las galaxias, los planetas, la vida, el pensamiento y un larguísimo etcétera, que parten desde una gran explosión llamada big bang y que se anuda como memoria o eterno retorno hasta el instante en que vivimos, que nos permite enfrentarnos a un posible futuro por las fuerzas creadoras de la voluntad de poder de todo lo que existe en el cosmos y de la voluntad de poder del mismo cosmos, una incertidumbre azarosa con la cual tenemos que lidiar.
- La voluntad del poder, el eterno retorno en la vida
La memoria, que envuelve todos los acontecimientos del pasado, los sentimientos, las pasiones y por lo tanto los pensamientos, se conjuga en el instante para proyectarse en un posible futuro, en un tiempo circular que abarca la totalidad de nuestras vidas o del cosmos y que se convierte en un conocimiento siempre creativo por su movilidad. Este movimiento se presenta en la escritura como un saber acumulado pero alejado de su origen, pues no está vivo, pero sin duda se convierte en una herramienta para la memoria siempre y cuando se la considere como un pensamiento siempre susceptible de interpretación.1 Pero este constante cruce de dimensiones nos presenta con otro factor incuestionable: la unión que existe entre la identidad de cada creación en el universo y la alteridad que la subyace, que es el cruce de las fuerzas de todas las identidades en la naturaleza y que Nietzsche recreó, a su manera, en la figura del caminante y del ultrahombre. Así, la memoria es el cruce de fuerzas del olvido y del recuerdo.2
- El eterno Retorno y el conocimiento
En este orden de ideas, la memoria se convertirá en conocimiento al convertirse en el cúmulo de experiencias tanto individuales como sociales y, más aún, en el cúmulo de acontecimientos en la tierra y por lo tanto en el cosmos. Cada identidad tendrá el conocimiento acorde con sus interacciones; de ahí que el conocimiento humano deba de reflejarse a favor de la vida, sin negar la fuerza de los instintos, productores de los sentimientos, y las pasiones traducidos en pensamientos. Por lo tanto, será falso concebir la existencia de una razón enteramente libre en tanto que actividad brotada de sí misma. Ello es algo imposible en un devenir que se presenta como la realidad, o un conocimiento que nunca puede empatar con la vida y el pensamiento humano.
Como lo hemos dicho, Nietzsche interpreta su cuerpo y sus pensamientos en un movimiento extraordinario, donde se conjuga su pasado, su presente y la posibilidad de un futuro como una telaraña que está unida al todo y al mismo tiempo separado, impulsado como si tuviera un motor, siempre en beneficio de la vida, donde todo es creatividad y expresión del cosmos.3 Nietzsche lo expresó con sabiduría:
¡No! ¡La vida no me ha desengañado! Por el contrario, de año en año la encuentro más verdadera, apetecible y misteriosa; la encuentro así desde aquel día en que vino sobre mi el gran liberador, a saber, el pensamiento de que la vida podría ser un experimento del que conoce, y no un deber ni un destino ni un engaño. Y el conocimiento mismo, aunque para otros sea una cosa diferente, por ejemplo, un lecho o el camino hacia un lecho, o una distracción, o una holgazanería, para mí es un camino de peligros y victorias, en el que también los sentimientos heroicos tienen su lugar de danza y recreo. ¡La vida por medio de conocimiento, llevando este principio en el corazón es posible vivir no sólo con valentía, sino también con alegría, e igualmente reír con alborozo!4 |
El conocimiento no sólo es individual. Creemos que el conocimiento se ha formado, a través de los siglos, como una gran telaraña social, la cual ha creado una red de comunicación humana de diversas categorías, así como de configuraciones y ritmos, para regular y poner orden a nuestras percepciones por medio de la mesura. De esta manera, los humanos han creado la escritura, el lenguaje, la gramática y todos los medios de comunicación disponibles. Asimismo, se ha podido lograr regular el caos previo que imponía el flujo de sensaciones y de instantes que se suceden de manera discontinua sin que se pudiera establecerse ningún lazo entre ellos.5 El conocimiento analizado desde la ciencia, que acepta y estudia al devenir, no paraliza al ser, sino abre el horizonte por medio de una ciencia activa y asume el perspectivismo que se impone por medio del tiempo circular (eterno retorno) y en relación de las diversas fuerzas que lo condicionan. La ciencia moderna no pueda interpretar ninguna verdad, ningún valor, y ningún texto sin situarlo en una realidad siempre cambiante.6
Nietzsche nos invita a que imprimamos la copia de la eternidad en nuestra vida, ya que no somos seres aislados. Hay que aceptar que a cada momento le tenemos que conferir la dignidad de lo eterno, pues somos parte del cosmos, y esto nos permite ser los mismos pero siempre diferentes en conjunción con el todo.7
- El eterno retorno como principio de selección
En el siglo XXI se puede apreciar, por medio de la ciencia, lo circular no sólo del tiempo en el cosmos, sino también la circularidad de cada identidad que se encuentra dentro de él. Nietzsche formula esta idea en la historia de Zaratustra, quien formula esta suprema afirmación por medio del pensamiento del eterno retorno.8 Al asumir el eterno retorno, su libertad queda condicionada por su responsabilidad hacia lo diferente a él. Al mismo tiempo, asume conscientemente su propia realidad por medio del amor fati. Para ello, tendrá que prescindir de Dios o de los dioses, de verdades absolutas y la necesidad de desterrar toda clase de dogmas:
El problema psicológico del tipo de Zaratustra consiste en cómo aquel que niega con palabras, que niega con hechos, en un grado inaudito, todo lo afirmado hasta ahora, puede ser a pesar de ello la antítesis de un espíritu de negación; en cómo el espíritu que porta el destino más pesado, una tarea fatal, puede ser, a pesar de ello, el más ligero y ultraterreno-Zaratustra es un danzarín-; en cómo aquel que posee la visión más dura, más terrible de la realidad, aquel que ha pensado el “ pensamiento más abismal”, no encuentra en sí, a pesar de todo, ninguna objeción contra el existir y ni siquiera contra el eterno retorno de este-antes bien, una razón más para ser el mismo él sí eterno dicho a todas las cosas, “ el inmenso e ilimitado decir si y amén”…”A todos los abismos llevó yo entonces, como una bendición, mi decir si”... Pero esto es, una vez más, el concepto de Dionisio.9 |
Todos nuestros instantes se vuelven eternos, regresan eternamente como memoria, a pesar de que los veamos como una ilusión. En unión con todos los instantes, se creará la historia de la humanidad que no es sino una sola memoria en movimiento.10 El eterno retorno se vive, se experimenta, lo conocemos cada uno de nosotros, sobre todo cuando recordamos u olvidamos. Es más, se presenta como nuestra historia, como la historia de los demás, como la historia de todas las cosas. Por eso Zaratustra sólo lo afirmó, nadie se lo enseñó, ni el trató de enseñarlo nunca.11 El eterno retorno es la vida misma, la realidad del cosmos, el experimento que Nietzsche hizo con su propio cuerpo.12 Así, el pensamiento del eterno retorno es la máxima expresión del amor al destino, que hace que los humanos quieran vivir su tiempo como si fuera éste el mismo siempre:
Esto es, a la vez, amor fati (amor del destino) y afirmativa voluntad de poder por la que damos un sentido a nuestra existencia. Así pues, el eterno retorno es una experiencia (memoria), algo que debe ser vivido, asimilado como nuevo centro de gravedad, incorporado como una condición de vida. Sólo en este nivel se muestra su coherencia y función “En lugar de la metafísica y de la religión cristiana la doctrina del eterno retorno (como medio de selección y de educación).13 |
Las células primigenias que dieron origen a la vida, se han desarrollado hasta elaborar el árbol de la vida, el cual podemos contemplar ahora en la tierra y sobre todo en el propio cuerpo de cada ser humano. La biología, la física, la antropología y en sí todas las ciencias en el siglo XXI, pueden dar testimonio del cordón umbilical que une a todas las células existentes de nuestro tiempo con su pasado, es decir, hace 4,000 millones de años. Nuestro cuerpo guarda la historia o la memoria de la vida, y esto tiene afinidad con el pensamiento del eterno retorno. Estos datos científicos son ahora fáciles de corroborar, pero en tiempos de Nietzsche no eran tan claros. Las confirmaciones científicas de su tiempo lo llevaron a entender el eterno retorno como una ley objetiva de todas las cosas; se quiera o no, no depende de una decisión, sino que así, como una ley del devenir y la expansión cósmica: es el perpetuo río de Heráclito.14
Gracias a su capacidad de pensar, los humanos pueden describir al eterno retorno desde dos dimensiones; una por medio del pensamiento, que nos permite la toma de decisiones y que siempre están determinadas por la memoria, el instante y la posibilidad de un futuro; la otra, por medio del devenir, que nos muestra la ciencia del siglo XXI como un pathos del cosmos. Este conocimiento no se contrapone a nada, sino se unifica al momento en que la conciencia de la libertad surge al encontrarnos frente a la expansión cósmica. Ésta no determina ninguna finalidad o meta, sino lo que descubre la necesidad del vínculo entre individuo y totalidad.
Cualquier instante en el universo hace coincidir en los humanos lo subjetivo y lo objetivo, como un fenómeno acaecido como amor fati. Éste es un acontecimiento más allá de la teología universal y de la filosofía metafísica, y no se coloca como coacción o como un imperativo, más bien muestra la libertad como nuevo sentido de nuestro amor fati.15 Con el instante fundado en el amor al devenir y la aceptación del eterno retorno desaparece del mundo la esencia trágica de la temporalidad; lo único que prevalece es la conciencia del instante que se vive y la eternidad de este:
La afirmación del superhombre no hacen más que repetir y producirse en la dirección de la autoafirmación que la vida se da eternamente a sí misma. Por eso termina diciendo Zaratustra que él instante de ese acto de amor fati no es un momento del tiempo, sino que es eternidad, la eternidad de la vida afirmándose a sí misma en el instante en el que, con nuestra afirmación, nos identificamos con ella. Esto significa que el sentido del instante en el que el hombre comprende su temporalidad auténtica no es, como cree Heidegger, el de una diferencia de mi existencia frente al curso vulgar de los acontecimientos del mundo.16 |
Los humanos somos parte indivisible de la grandeza del cosmos, de ahí que podamos engrandecer la vida por medio del pensamiento y de acciones a favor del todo y, por lo tanto, de la misma vida, deseando y queriéndola inmensamente e infinitamente.
- La ruina del yo idéntico.
El yo o el ser se disuelven como algo homogéneo con el pensamiento del eterno retorno. La historia o la memoria del cosmos, de la tierra y de la vida siempre se están conjugando en el presente y el posible futuro; este último por la expansión cósmica, surgiendo las identidades que se identifican por su carácter apolíneo o dionisíaco, o su equivalente en masa o energía, cuyo origen es una gran explosión provocada por Dios para los creyentes, por un motor inmóvil para ciertos filósofos, o por motivos desconocidos. Hay una imposibilidad en postular la existencia de algo idéntico en el cosmos, en la tierra y por lo tanto en la vida, ya que la esencia de cada ser o yo se encuentra inmensamente rebasada por el todo.17 Cualquier identidad que exista se disuelve en el devenir donde se transforma sistemáticamente en otra. Al hacerlo, pierde su identidad anterior, pasando a ser un ser o un yo diferente, que también desaparecerá a su vez en el movimiento del devenir y en la interacción con el eterno retorno.18
La muerte de Dios en filosofía en realidad es la muerte del ser y del yo, como pensamientos hegemónicos que no concuerdan con nuestra realidad en devenir. No es fácil matar a un Dios creador del cosmos por tratarse de un conocimiento que va más allá de las posibilidades humanas; pero a pesar de que exista Dios o no, lo importante para los humanos será la libertad responsable que deberá asumir ante las circunstancias en las que se encuentra. Todo ser o todo yo se transforma constantemente y se relaciona con otros seres u otros yos; de ahí que es mejor hablar de identidades apolíneas y dionisíacas, que nunca pueden rebasar cualquiera de estas dos posibilidades, pues siempre están en interacción por medio de los pensamientos de la voluntad de poder y el eterno retorno, o el tiempo circular en la física. Romper con la noción clásica del ser o de yo como identidades estables, o sea, como una ontología con mayúsculas, o como verdades también con mayúsculas, es solamente posible por medio de la imaginación, sin que se puedan convertir en realidad en la tierra y por lo tanto en el cosmos.19
1- moradas nietzscheanas, p. 38,r 5596
2- Moradas Nietzscheanas, p. 41,r 56 03
3- biografía de su pensamiento, p. 259,r 56 06
4- biografía de su pensamiento, p. 260,r 56 08
5- la experiencia dionisíaca, p. 64r, 5609
6- la experiencia dionisiaca, p. 393,r 5610
7- Biografía de su pensamiento, p. 247,r 5578
8- Ecce Homo, p. 103,r 5576
9- Ecce Homo, p. 113,r 5577
10- biografía de su pensamiento, p. Los 247,r 5579
11- la experiencia dionisíaca, p. 294,r 5580
12- la experiencia dionisíaca, p. 295,r 5581
13- La experiencia dionisíaca, p 297,r 5583
14- La experiencia dionisíaca, p. 362,r 5585
15- la experiencia dionisíaca, p. 369,r 5586
16- la experiencia dionisíaca, p. 370,r 5587
17- biografía de su pensamiento, P. 278,R 5588
18- La experiencia dionisíaca, p. 40,r 5589
19- la experiencia dionisíaca, p. 391,r 5591
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